ENTRE PALABRA Y PALABRAS
—¡Otro más estiró la pata! —balbucearon las pulgas desoladas.
De la desolación pasaron a la indignación y de la indignación a la furia. Con tantos pulguicidas, hormiguicidas, cucarachicidas, piojicidas e insecticidas de todo tipo y color ya no quedaba ni un solo perro, ni un jardín verde, ni una cocina suculenta, ni un rincón sucio y oscuro donde vivir sanamente.
El enojo fue creciendo. Pronto se corrió la palabra de que se organizaría una reunión de bichos
en el galpón.
El bicherío estaba frenético. Acusaban al presidente de no tener palabra:
—¡Queremos soluciones! —demandaron los mosquitos.
—¡¿Qué pasó con sus promesas?! —gritaron las cucarachas.
—¿Cómo solucionamos esto? —interrogaron las moscas.
Pero el presidente no encontró palabras y miró al ministro. El ministro no dijo palabra y miró al jefe de policía. Como ya no había a quién mirar, el jefe de policía lo intentó, pero solo pudo hablar con medias palabras.
De pronto, se escuchó desde el fondo la voz de la nueva candidata a presidenta:
—¡Pido la palabra! —chilló la chicharra, subió al escenario y tomó la palabra. Pero su discurso
no fue más que palabrerío. ¿Qué otra cosa se podía esperar de una palabrera monótona y poco
creativa?
La furia era grande y la paciencia corta, así que pronto, y por iniciativa del piojo, llegaron los proyectiles de palabrotas y palabrejas. En una palabra, la dejaron con la palabra en la boca.
La cosa se estaba poniendo fea, la turba bicheril estaba enardecida.
Entonces apareció la hormiga, bicho de acción y de pocas palabras. Con dos palabras (en realidad
tres), apaciguó a la multitud. Indudablemente, se tomaba muy a pecho eso de ahorrar palabras y su brevísimo discurso no dejó dudas de que le disgustaban las palabras en vano:
—Trabajemos el doble —sentenció la dama.
Así de sencillo. Así de efectivo. La multitud calló, pensó, evaluó la propuesta y estalló en un
estridente aplauso.
Un tiempo después, los pulguicidas se agotaron, los hormiguicidas escasearon, los cucarachicidas
se acabaron, los piojicidas desaparecieron y los insecticidas se extinguieron. La gente estaba desolada. De la desolación pasó a la indignación y de la indignación a la furia...
Laiza Otañi
Bibliografía:
- http://aprenderencasa.educ.ar/aprender-en-casa/lengua-egb2.pdf
¿Por qué creen que el cuento "Entre palabra y palabras" termina con puntos suspensivos?
¿Podrían agregar al final la oración: "Y todo volvió a empezar"? ¿Por qué?
Si el cuento continuara, los personajes ya no serían los insectos, sino las personas. ¿Qué otras cosas cambiarían si el cuento hubiese seguido? ¿Cuál es el problema de los insectos? ¿Y el problema de las personas?










